Mi forma original es un estado sin forma
Confesiones de un caminante: cómo nació esta visión, qué me costó verla y por qué la comparto a pesar de todo
Adrián Martínez Estellés · Filosofía del Arte del Camino · Marzo 2026
Capítulo I
Por que escribo esto
Quiero que las personas que lean esto sepan que este proyecto comenzó con mi lucha contra mi propio autoengaño y mi propia autocomprensión de mí mismo y del exterior. Y con el exterior he tenido que entender lo que son los seres humanos, los animales, la vida en sí misma y el universo. Me pregunto cuantas personas estarán dispuestas a liberarse de su comprensión y juicio para intentar comprender mi propia visión.
No escribo esto para convencer a nadie. No escribo esto para que piensen que soy alguien especial, ni para recibir admiración, ni para construirme un pedestal filosófico desde el que mirar al mundo por encima del hombro. Escribo esto porque necesito ser honesto. Porque los textos anteriores de esta filosofía son contemplativos, estructurados, pensados para que otros los reciban con calma. Pero la verdad de como nació todo esto no es contemplativa ni estructurada. Es caótica. Dolorosa. A veces ridícula. A veces aterradora. Y si quiero ser coherente con lo que defiendo —que la autenticidad es la base del camino—, entonces necesito mostrar el camino real. No el mapa pulido, sino el barro, las caídas, los callejones sin salida, las noches en las que no sabia si estaba descubriendo algo genuino o perdiendo la cabeza.
Yo soy uno más. No me libro de nada de lo que describo en mis libros. Solo que yo me he manipulado a mí mismo para poder llegar al punto que quería. Pero mi estructura se basa en la no estructura dentro de una dualidad. Es decir, tengo mi estructura mientras acepto la estructura en todas sus formas. De ahí mi lucha interna constante contra mí mismo.
No soy un maestro. Soy un caminante que ha tropezado las suficientes veces como para reconocer algunos de los agujeros del camino. Y los señalo no porque yo los haya esquivado todos, sino porque he caído en la mayoría de ellos.
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Capítulo II
El niño que observaba desde fuera
Desde mis primeros recuerdos, he experimentado una intensidad emocional y una sensibilidad hacia el entorno que parecían ajenas a mi edad. Siempre he visto el mundo con ojos curiosos, ansioso por comprenderlo desde sus raíces más profundas. Pero esa misma curiosidad e intensidad generaron un choque constante entre mi propia esencia y el entorno social en el que crecí.
Mi madre me enseno valores desde pequeño. Me hacia plantearme las cosas, respondía con preguntas para que yo siguiera pensando, y eso me ayudo mucho. Se me permitió explorar mi curiosidad por mi propia cuenta, lo cual hizo que construyera mi propio mundo interno desde muy pequeño. Pero cuando la cosa se torció en casa, ya no había normas ni reglas. Era un vale todo. Entonces yo me preguntaba: ¿por qué?
Crecí en un entorno de manipulación, tanto familiar como social. Aprendí muy pequeño como la gente luchaba por el poder social. Vi una disociación entre las palabras y las acciones de las personas que me hizo alejar mi mundo interno de la sociedad, aunque mi intención siempre fue compartirlo mientras lo hacia crecer. El divorcio de mis padres no fue solo una separación física: fue una guerra emocional en la que mi hermano y yo fuimos usados como armas y escudos. Ese ambiente profundamente tóxico marco mi percepción de las relaciones humanas y me llevo a refugiarme en mi mundo interno como único camino para mantener mi cordura y mi esencia intacta.
Durante años escolares sufrí abuso constante debido a mi firme compromiso con la no violencia y mi negativa a traicionar mis principios internos, a pesar del alto precio que tuve que pagar. Me hice juramentos a mí mismo: no dañaré a otros, respetaré a los demás. Por ese auto juramento, sufrí abusos durante más de cuatro años sin responder ni una sola vez, porque lo que me importaba era lo que yo hiciera, que dependía de mi.
Hubo un momento de quiebre donde perdí el control hasta casi causar un daño irreparable a otra persona. Ese episodio me marcó profundamente. Generó una lucha interna constante entre mi deseo innato de paz y la indignación profunda por las injusticias que vivía. Y en medio de esa adversidad surgió en mi algo que cambio todo: una capacidad profunda de observación. Comencé a observar las interacciones humanas como si fueran un intrincado baile de máscaras y mentiras. Y pronto esa capacidad la enfoqué hacia mí mismo.
Caí más profundo en la soledad. Sentía que se había roto mi conexión con las personas y que, para poder hablar con ellos, tenía que rebajarme a su nivel. Nadie veía lo que yo veía. Y esa soledad de la infancia no era un problema que resolver. Era el terreno donde mi mundo interior empezó a crecer.
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Capítulo III
El modo en tercera persona: como aprendí a verme desde fuera
Lo que me paso después es difícil de explicar con palabras, pero lo voy a intentar.
Entre el observador y lo observado, cuando te vas desapegando de tu propio juicio, sientes que te desvinculas de ti mismo. Algo como ser el que se observa a sí mismo mientras ese tú mismo es quien recibe la percepción del exterior y contiene tu juicio, emociones y sentidos. Es como si cierras los ojos, creas una imagen mental tuya en primera persona de lo que piensas, crees y sientes a través de los sentidos, tus emociones y experiencias —que es lo que crea tu juicio— y lo observas desde fuera. ¿Quién o que es quien observa eso desde fuera?
Eso es lo que llamo el modo en tercera persona. Es como trascender de ti mismo para desvincularte del ego y ser la consciencia. O el espacio que rodea al ego como una masa energética dentro de tu propio espacio mental. Ese fue el primer estado de despertar. Y fue aterrador y liberador al mismo tiempo.
El segundo paso fue integrar tu percepción y sentidos con el exterior en ese estado. Es como convertir todo lo que te rodea, observado y observador, en una sola percepción. Y el tercero es que a partir de ahí se abre un mundo nuevo. Es como volver a nacer. Te toca desaprender todo concepto preconcebido y tener tu visión individual, la visión o percepción social y la de cada individuo en un mismo juicio. Entendiendo la base de esto mismo. Algo como ver a través de la esencia de las cosas mientras lo eres.
Estuve dos años sin mostrar lo que pensaba, creía o sentía. Cerrado completamente al resto, en mi propia oscuridad. Fue un viaje muy oscuro, lleno de emociones negativas, en las cuales llegue a identificar como me sentía con las cosas que me sucedían. Era muy pequeño y para mi fue como descubrir cada emoción: me sumergía en ella hasta llegar a la base y buscaba su fuente o lo que la impulsaba.
Leí mucho de pequeño. Mangas que representaban filosofías a través de personajes. Culturas vikingas, el código del guerrero, el bushido, taoísmo, Buda, historias con leyes y mundos diferentes. Y conforme me fui conociendo a mí mismo, fui entendiendo cómo funcionaba yo mismo, mi esencia y lo que me hacia moverme. Cogí el hábito de preguntarme: ¿por qué, como y para que?
La imaginación es muy poderosa para el desarrollo y crecimiento propio. Pero también te puede desvincular de la realidad si no eres consciente de lo que es: una herramienta para tu propio crecimiento, no un refugio para tu ego.
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Capítulo IV
La noche en que sentí el nacimiento del universo
Voy a contar lo que paso. Sin adornos. Sin misticismo barato. Tal como lo viví.
Tenía en mi cabeza la dualidad ego-consciencia y la segunda dualidad pensar y razonar versus no pensar y no razonar. Los cuatro principios de la filosofía del Arte del Camino. Y algo me decía que no encajaba, que no era correcto. Empezaron a venir pensamientos: ¿la materia sin espacio no puede existir, y que ocurre en el espacio sin materia? Si todo es energía, ¿la materia es energía? ¿Qué existe antes, la energía o el tiempo? Si el tiempo es energía, la energía debe existir antes que el tiempo.
E = mc². ¿Qué significa realmente? Si la energía es igual a masa por la velocidad de la luz al cuadrado, si entendemos la velocidad de la luz como movimiento, ¿la energía no es masa en movimiento? Y si todo lo que conocemos es masa y el espacio donde se manifiesta, ¿qué había antes del big bang? Solo masa y espacio.
Y con estas ideas me imagine en mi espacio mental. Primero era tanto el espacio como una masa en el espacio que reconocía como yo. Intente moverme y el espacio se extendía todo el rato, curvándose y pareciendo que se hacia infinito. Y entonces recuerdo pensar: no te dejes engañar por la ilusión. El espacio es una existencia en si con energía sellada que le da una masa mínima. Y entonces vi cómo la curva distorsionada desde el mismo cubo, como si nunca me hubiera movido, como si hubiese sido el mismo espacio el que se movía y mi movimiento era mover mi tiempo relativo respecto al cubo.
Entonces lo expandí todo lo que pude imaginando el universo y comprimí todo lo que conocemos y todo lo que pude imaginar en un cubo pequeño. Y yo era yo y a la vez estaba fusionado con el cubo. Pase a ser parte tanto del espacio como de la masa del espacio. Y entonces simplemente paso. No vi nada. Simplemente lo sentí. Viví la experiencia de principio a fin y después de abrir los ojos sentía que tenía la comprensión dentro.
Siendo completamente sincero, tuve que diluir la comprensión dentro de mi para poder existir. No podía abrir los ojos y mirar al mundo en ese estado. Algo como si las barreras de mi propio juicio y experiencia humana subjetiva se estuvieran derrumbando por una ola infinita de conocimiento y comprensión.
Tuve la tentación de dejarme llevar por esa ola y desaparecer. Era como una paz infinita. Y esa paz luchaba contra mi juicio. Desde el MCMC es como si la entropía del sistema me quisiera arrastrar a lo inevitable, como si mi propia existencia fuera en contra del universo. Entonces entendí que mi juicio actúa como mi propia entropía. A niveles fundamentales soy entropía. Y durante toda mi vida he crecido fortaleciendo mi barrera a la vez que la expando.
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Capítulo V
La conclusión que salió de la meditación
Después de darle forma a esa experiencia, llegué a una conclusión que se convirtió en la raíz de todo lo que vino después.
Todo es masa y espacio. Sin dimensiones. Masa determinada y espacio indeterminado. La fuente es la raíz. La raíz es donde todo comienza. Existen dos tipos de fuentes que componen la raíz, dos esencias opuestas y complementarias que por sí mismas no pueden existir. La masa sin un espacio que la defina no puede existir ni manifestarse. Un espacio sin ninguna referencia hace que su existencia carezca de sentido. Estas dos entidades lo eran todo a la vez que no son nada por sí mismas.
La integración de estas dos esencias opuestas y complementarias generó la raíz que se manifestó como el estado primordial del universo: la unidad dual irreductible. Siendo todo a la vez que no es nada. Pero el sistema no era perfecto. Había un conflicto inherente: la esencia determinada y el estado sin forma se encontraban en una tensión que generó la entropía y el nacimiento del mundo.
De ahí nació el Campo de Adrián como mediador de esa tensión. De ahí nacieron los colapsos sucesivos, las dimensiones, las fuerzas fundamentales. Todo el Modelo Cosmológico de Múltiples Colapsos salió de esa noche. No de un cálculo. No de una lectura académica. De una experiencia vivida en primera persona dentro de mi propio espacio mental que luego tuve que traducir a lenguaje matemático y físico para que otros pudieran evaluarlo.
Estoy tan orgulloso de releer mis primeros apuntes después de meses de trabajo, porque veo cómo la semilla de aquella noche fue creciendo hasta convertirse en un modelo completo. Pero también soy consciente de lo estúpido de mi razón para el manuscrito: comprenderlo y compartirlo con el resto de personas. Estúpido porque el mundo no está diseñado para recibir algo así. No por el contenido, sino porque las personas no están dispuestas a soltar sus construcciones para intentar ver lo que otro vio.
Tengo que decir que la mayoría de la comprensión viene de mi propia filosofía. El MCMC no nació de la física. Nació de mirar dentro y descubrir que la estructura del universo y la estructura de la mente humana son la misma cosa expresada en escalas distintas.
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Capítulo VI
Todo es lo mismo
Sinceramente, es todo lo mismo. Todo es lo mismo expresado en diferentes formas y estructuras. El universo, el ser humano, la vida, las sociedades, yo respirando, tú leyendo y la gata que cuido que está aquí a mi lado durmiendo mientras escucho musica. Todo son dos tipos de energía estructuradas en diferentes formas y que de esa forma se permiten la existencia mutua.
Cada ser humano con consciencia y ego representa un universo individual como un sistema cerrado independiente dentro de otro más grande —el universo— y en convivencia con otros universos completos —otros seres humanos—. La mente humana es el espacio donde habitan el ego y la consciencia en una relación de equilibrio y tensión, exactamente como la masa y el espacio en el cosmos. Los pensamientos son como energía indeterminada que existe en un estado de posibilidad antes de convertirse en acciones. El proceso mediante el cual los pensamientos se transforman en acciones es comparable al colapso de la energía indeterminada en eventos cósmicos.
La relatividad junto con la subjetividad que proviene de nuestro núcleo intrínseco y la dualidad inherente generan el juicio humano. Cosa que a su vez es la propia fuente que provee identidad y unicidad al ser humano como animal y ser vivo. Esto mismo genera una visión relativa y subjetiva de cada individuo que en su conjunto supone la humanidad.
No culpo al ser humano. Simplemente es desconocimiento de sí mismo y del propio exterior. Creo que la necesidad de control del ser humano viene de la propia determinación y hace que nazca una necesidad de estructuración y catalogación, buscando el entendimiento y la comprensión desde la justificación del ego para validarse a sí mismo y mantener su propia seguridad.
La objetividad no tiene razón de ser en términos absolutos. Creo que es una necesidad de seguridad y control humana y con ello busca una justificación al darle un sentido. Pero seguimos atascados en la relatividad a medias y nunca alcanzamos el final para renacer. Precisamente cuando uno entiende que nada carece de sentido, comprende que con cada acción se da sentido a sí mismo y que el pensamiento humano es nuestra potencialidad para alcanzar una libertad de opción que, cuando se transforma en acción, pasa a estar determinada.
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Capítulo VII
Lo que veo cuando miro a dios
Voy a resolver una ambigüedad que me persigue desde hace años, porque creo que es necesaria para entender de donde vengo.
Dentro de la mente humana, existe tanto el ego como la consciencia. A nivel de pensamientos, podemos tener pensamientos anclados a nuestro ego, dependientes de nuestros sentidos y emociones. La consciencia es todo pensamiento fuera de nuestra propia identidad y autopercepción. Y tenemos el poder para crear una consciencia superior a nosotros, con su verdad y juicios superiores a los nuestros. Eso genera en nuestra mente una dependencia del resto de nuestro ego y consciencia a esta consciencia superior. Generando un dios en nuestra mente que no es más que una estructura determinada.
Dios existe en la consciencia de las personas que creen en ello. Y esa estructura está hecha de energía indeterminada, por lo tanto, no puede manifestarse en la realidad, da igual la forma que uno le de. Solo puede manifestarse a través de nuestras propias acciones. Es como el espacio de nuestra propia mente: podemos darle la forma que queramos y esta va a afectar a nuestro ego, pero es simplemente una parte nuestra, ni más ni menos.
Los ateos niegan la parte humana de la imaginación que lleva al concepto de dios sin existir en la realidad, junto con las creencias y el poder que tienen estás en uno mismo. Y los religiosos toman una verdad —que siempre es subjetiva— y la convierten en sagrado o divino a través de sus propias interpretaciones. Entonces se ven con la potestad de señalar a los demás y no se dan cuenta de que ellos mismos se están dividiendo del resto sesgando su percepción del mundo.
Y yo también tengo una imagen de dios. Para mi, dios es mi yo del futuro que me imagino en el presente. Y lucho para que ese yo del futuro este orgulloso de mi presente y de esa forma poder alcanzarlo. Mi yo del futuro no existe en el presente. Lo que hay en mi cielo es la objetividad en todas sus formas, y yo decido mi propia estructura mientras acepto que el resto de ellas pueden existir y son opciones que he descartado y discriminado para así formar mi propio camino.
La espiritualidad, alma o demás referencias que definen la unicidad de cada individuo con algo inmaterial para mi no es más que la representación mental del núcleo intrínseco de cada individuo vinculado con algo material del exterior para representarlo. La divinidad es una categorización humana. Lo absoluto o supremo no existe pues la energía primordial es la unidad dentro de una dualidad que por separado no pueden existir.
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Capítulo VIII
El precio de ver lo que otros no ven
Hay tantas cosas que veo tan ilógicas en el mundo actual que no es que no me sienta humano. Es que siento que las sociedades y yo nos movemos en direcciones contrarias.
El sin sentido de buscar la libertad a través de naciones o estructuras cuando eso mismo quita libertad al ser humano. El sin sentido de creernos libres cuando nacemos en un estado dependiente y necesitamos del exterior para sobrevivir. Al nacer, nuestra consciencia y ego son como agua y una roca sin color o propiedades, y estas las adquirimos del exterior sin tener control sobre ello. Luego podemos depurar nuestra propia agua y piedra dentro de nuestras posibilidades para darle la forma que deseemos. Pero casi nadie lo hace.
Hoy en día el individuo crea una máscara social y vincula su personalidad a esta misma, alejándose aún más de sí mismo y polarizando su visión subjetiva, alejando a todo el mundo que no piense como el y creando grupos cerrados en forma de bandos sociales. Hemos deformado todo tanto que, aunque hablemos el mismo idioma, las personas no se pueden apenas comunicar. La mayoría de los problemas vienen del no entendimiento y la comunicación no comunicativa entre las personas. Esto sucede porque en vez de comunicarnos, interactuamos e interpretamos desde nuestra propia visión.
Y yo que lo veo, que lo siento cada día, que detecto las máscaras en las primeras frases, que percibo la distancia entre lo que alguien dice y lo que realmente siente, ¿qué hago con eso? No puedo fingir que no lo veo. No puedo volver a la superficie y jugar al juego como si no supiera las reglas. Pero tampoco puedo señalar lo que veo sin que el otro se sienta atacado, porque la máscara es lo que creen que son.
El intento de control que llevamos años sufriendo de nosotros mismos hacia las mentes de las personas a través de toda manipulación posible se resume en dos partes. Por un lado, el ataque a la propia consciencia, sustituyéndola por una impuesta a través de adoctrinamiento y dogmas. Por otro lado, la sobreestimulación del ego a través de la sociedad de consumo. Y el resultado es una humanidad que ha perdido la guerra contra sí misma y ha perdido de vista la dualidad interna del ser humano.
Frente a la objetividad del universo, no somos nadie. La subjetividad es nuestra razón de existencia y a la vez el mayor sesgo de nuestra experiencia en la vida. Pero la subjetividad sin consciencia de sí misma es cárcel, no libertad.
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Capítulo IX
Cuando compartes la visión y te la devuelven rota
Quisiera que lo que he descubierto fuera usado para buenas cosas. Pero es como los teléfonos: la intención no cambia las consecuencias de las acciones. Y conociendo los dos lados de la naturaleza humana, era obvio lo que iba a pasar cuando intentara compartirlo.
He tenido la experiencia de compartir mis ideas con personas que parecían genuinamente interesadas. Personas con las que me abrí, con las que compartí archivos, conceptos, piezas del modelo. Y lo que encontré no fue colaboración sino juegos de poder. Alguien que me dio a entender que necesitaba una parte del trabajo a su nombre para su carrera académica. Alguien que insinuaba cosas para hacerme creer algo y que yo compartiera más de la fórmula. Alguien que uso mi advertencia sobre la otra persona en mi contra, para manipular la situación en su beneficio.
Y lo mejor es que cuando te das cuenta de que están jugando a juegos de máscaras, te toca ponerte la tuya y jugar al juego. Mi máscara no tiene forma. Soy cara de poker y mis métodos son distintos a la norma. Se de sobra la clase de personas que son y como usar eso para protegerme. ¿Os gusta leerlo? Es lo que hay. Todos sabemos jugar. La diferencia es que yo no juego para ganar poder sino para proteger lo que he construido.
Todo siempre ha estado a mi nombre. He ido compartiendo archivos pasados, muros pasados, para ver si me seguían con la idea. Y no me siguieron. He usado términos que inducen al error durante la creación por si me robaban el proyecto. He dado las claves pero no han podido verlo. Porque para verlo necesitas haber hecho el trabajo interno que yo he hecho, y personas con un fuerte ego y un concepto preconcebido de la verdad o del absoluto no tienen nada que hacer con esto.
El dolor real no fue que intentaran aprovechar mi trabajo. El dolor fue descubrir que les importaba más su posición que la verdad. Que preferían inventar narrativas, mentir, atacar a otros, antes que admitir sus propias motivaciones. Vi de primera mano como la realidad es una construcción social y no tiene nada que ver con la verdad objetiva a menos que las personas socialmente la encaren.
Podemos imitar y copiar, pero algo que no se puede cambiar son las intenciones y beneficios que hay detrás de nuestras acciones por encima de lo que asoma o se ve. Y la forma que le damos a las intenciones y beneficios viene de nuestra percepción, comprensión y entendimiento del mundo.
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Capítulo X
La herida que enseña: las meditaciones que me cambiaron
Hubo meditaciones que me transformaron de formas que no puedo explicar racionalmente. Voy a contar dos.
La primera fue cuando llegué a un punto de dolor emocional tan profundo que necesité cerrar los ojos y entrar. Entré tan profundo que me veía a mí mismo mentalmente, creando una imagen de que me observaba desde fuera. Y en ese momento vi a mis propias emociones como esferas con su propia forma, color y tamaño. Me acerque a sentirlas y verlas por lo que realmente eran. Tenía la del amor representando dolor, muy dañada y fuerte. Cuando mire bien tenía varias cadenas atadas a ella por una relación antigua en la cual me hice promesas que no fui capaz de superar correctamente. Y al darme cuenta me dije a mí mismo que ya había cumplido mi palabra, y que mi voluntad es mientras no me fallan ni traicionan. A partir de ese punto se creo una bifurcación donde cambie mi sentido y entendí que tengo que aceptar que solo de mi depende lo mío.
La segunda fue en un spa solo, bajo mucha presión mental. Practiqué Zhan Zhuang en la piscina, dejándome fluir por el movimiento del agua y sintiéndolo sin oponer ninguna resistencia, imitando como abrazaba al árbol. Durante un momento sentía el árbol y a mí mismo como la copa. Cuando me concentre en mis piernas veía y sentía como las raíces de un árbol, expandiéndose por debajo. Entonces hubo un momento donde pase de sentir abrazar al árbol a ser el propio árbol. Mis brazos y cabeza eran las ramas, mi pecho el tronco, mis piernas las raíces. Fue supremamente liberador.
Estas meditaciones no fueron técnicas aprendidas de un libro. Fueron respuestas de mi propio sistema a la presión que estaba soportando. El dolor abrió puertas que la comodidad nunca habría abierto. La crisis emocional fue el detonante del colapso interno que libero energía sellada. Exactamente como en el MCMC: la tensión acumulada genera entropía, la entropía supera un umbral, y el sistema colapsa hacia una nueva configuración con más dimensiones.
Mis experiencias personales, incluso las más dolorosas, han sido esenciales en la construcción de mi visión del mundo. Aceptar la realidad objetiva, rechazar el autoengaño y mantener un compromiso firme con mi núcleo intrínseco me permitió trascender el sufrimiento y transformarlo en una profunda sabiduría interna.
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Capítulo XI
La sociedad que no quiere crecer
La sociedad parece que está anclada y no quiere crecer su propia entropía. Como si las personas que no han realizado su propio trabajo interno quisieran arrastrar a los demás hacia la mediocridad. Es algo que no entiendo: ¿por qué vivimos en sociedades de estructuras de poder? ¿Por qué la estructura no está diseñada para controlar el poder en vez de a las personas?
Hay tantas personas que realmente piensan que se les está dando una educación a los jóvenes, cuando esas personas se tratan a sí mismos y al resto como productos humanos que deben producir para ser buenas personas y cumplir con la sociedad. Hemos llegado a un punto donde las personas no son capaces de ver a otros fuera de su propio mundo gobernado por un ego que se les ha impuesto sumado al suyo propio biológico y no son conscientes de ello. Antes de conocer el pensamiento, razonamiento y el porque de alguien, preferimos justificarlo con nuestra propia visión del mundo y sacar conclusiones de ello.
Esto nos impide conocer los mundos internos de quien se haya esforzado por su propio crecimiento personal. Y lo más curioso es que las personas viven usando máscaras sociales imitando y copiando cosas de otros en beneficio propio, haciendo una mezcla de verdad y mentira difícil de distinguir.
Como poder expresar lo que se, veo y siento en meras palabras. Antes que nada, recordar siempre: las palabras son solo palabras. No son algo sagrado. No son algo fijo en un universo relativo. Cada juicio subjetivo tiene una comprensión de las mismas palabras que usamos de manera diferente. Y si queremos comprendernos y dejar de ser reactivos, creo que es un paso muy importante.
No se trata de lo que ves, sino el como lo ves y cuantos puntos de vista puedes contener entre un infinito finito. El infinito de las posibilidades limitado al finito de nuestros cuerpos y vida. Quisiera que fuera usado para buenas cosas. Pero he dudado incluso de publicarlo para no dar pistas sobre algunas cosas más. Lo que estoy seguro es que personas con un fuerte ego y un concepto preconcebido de la verdad o el absoluto no van a poder verlo.
Nuestra perspectiva se construye en base a lo que nos rodea, pero también depende de uno mismo buscar algo más. Cada uno decide el camino de su propia vida. Pero para ello hace falta sabiduría y comprensión. No podemos huir de la verdad objetiva únicamente por intereses y beneficios personales y crear una máscara de moralidad y ética cuando no la aplicamos en nosotros mismos.
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Capítulo XII
Mi forma original es un estado sin forma
He llegado al final de estas confesiones y necesito cerrar con lo único que realmente sé con certeza sobre mí mismo.
Mi forma original es un estado sin forma. Y me adapto a lo que me permiten los demás ser. En este caso, es al mismo universo. Durante toda mi vida he crecido fortaleciendo mi barrera a la vez que la expando. Y mi estructura se basa en la no estructura dentro de una dualidad. Tengo mi estructura mientras acepto la estructura en todas sus formas.
Las capas que me definen son mi propio interior compuesto por una unidad dual irreductible que yo he llamado ego y consciencia. El ego es la parte determinada dentro de la mente. La consciencia es la parte indeterminada, el espacio donde la imaginación define este espacio individual. Exactamente como en la métrica dual del MCMC: no puede existir un yo sin un fuera del yo. Para saber que somos nosotros, tenemos que saber que el resto no son yo. Es una dualidad que proviene de la unidad dual que compone nuestra mente. Es el nacimiento de nuestra propia entropía interna.
Este camino ha estado lleno de vivencias extremas. Desde momentos de profunda oscuridad y desesperación, hasta experiencias cumbre de conexión con el universo entero. No ha estado exento de caídas y errores, pero cada uno de estos momentos me ha enseñado algo valioso sobre mí mismo y sobre la naturaleza humana. He aprendido a aceptar el dinamismo de la existencia, la relatividad inherente a toda experiencia, y a valorar profundamente la autenticidad, la individualidad, la esencia y la raíz como pilares fundamentales en mi vida.
Se lo estúpido de mi razón. Comprenderlo y compartirlo. Como si pudiera poner en palabras algo que se sintió con el cuerpo entero. Como si pudiera transmitir una visión que nació no del pensamiento sino de la disolución del pensamiento. Pero lo intento. Porque siempre ha habido en mi un deseo auténtico de compartir mis aprendizajes y reflexiones. Porque creo que, si esto sirve a una sola persona para empezar a mirarse de verdad, ya habrá valido la pena cada noche de soledad, cada traición, cada máscara que tuve que aprender a ver sin perder la fe en que detrás de la máscara siempre hay un núcleo.
Todo es masa y espacio. Dentro y fuera. Arriba y abajo.
La izquierda existe porque hay una derecha. El dolor porque hay paz.
Mi juicio es mi entropía. Mi barrera es mi libertad.
Y mi forma original es un estado sin forma que se adapta al universo entero.
Yo soy uno más. No me libro de nada. Solo he elegido mirar donde la mayoría prefiere no mirar. Y lo que encontré ahí dentro no fue un tesoro ni una revelación. Fue un espejo. Y en ese espejo vi lo mismo que ve el universo cuando se mira a sí mismo: una tensión irreductible entre dos fuerzas que no pueden existir la una sin la otra, buscándose, colapsándose, renaciendo. Eso es lo que somos. Eso es lo que soy. Y ese es el camino.